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La imagen público-privada de nuestros dirigentes institucionales

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Juan_Jos_FeijooPor JUAN JOSÉ FEIJOO

De un tiempo a esta parte, nuestra Corona está teniendo un protagonismo inusual en los medios de comunicación. Protagonismo porque afecta a miembros de la propia Familia Real.

Primero fue, y es un tema que todavía sigue abierto, por el caso del duque de Palma, don Iñaki Urdangarin y su relación con el mundo de los negocios que todos conocen. Después ha sido el lamentable accidente del nieto del Rey, Felipe Juan Froilán, cuando estaba en la finca que su padre tiene en Soria, el ex marido de la infanta doña Elena. Y ahora, el percance que sufrió nuestro monarca cuando estaba en una cacería privada en un país africano.

Obviamente, este cúmulo de información que conlleva un mensaje subliminal en cuanto a la actuación de sus protagonistas, que por encima de todo, también son humanos y no divinos como se creía antaño que era la figura del soberano, no deja de cuestionar por parte de distintos estamentos de la sociedad, el papel de la Corona. Pero este no es el caso ahora.

España tiene una monarquía parlamentaria y así se recoge en su Carta Magna. Nuestro Jefe del Estado tiene un poder consagrado por las Cortes y como monarca, su actuación está contemplada en aquella.

La cuestión que suscita discrepancias es la que atañe a la esfera personal que, como todo hijo de vecino,  tiene derecho a su tiempo de ocio. Lo que sucede es que aquellas personas que tienen grandes responsabilidades de gobierno, han de actuar en todo momento con transparencia –recordemos ese proyecto de ley del Buen Gobierno– para que el ciudadano no tenga ninguna duda sobre ello.

Por eso, de un tiempo a esta parte, la opinión pública está muy sensibilizada con estas cuestiones, al margen de que las protagonice el Rey, el presidente del Gobierno, un ministro, un consejero o director general  de su Autonomía o el concejal del  municipio en el que vive.

Aquellos tiempos en que la Corona estaba vigilada y fiscalizada (Reino de Aragón), para que observase las leyes y controlaba sus gastos, lógicamente han cambiado. Ahora, nuestras Cortes asignan un presupuesto y es la propia Casa Real quien lo administra. Pero ese tema, también es para otro debate, aunque acabamos de ver que esta institución también ha aplicado recortes y que, lamentablemente, como otros muchos, siempre afectan a eso que eufemísticamente llaman protocolo.

Estamos en  el siglo XXI. Son tiempos tremendamente mediáticos y donde la información corre a velocidad del rayo y en cualquier espacio surge un comentario y una opinión que critica a cualquiera por lo que hace, independientemente de que se tenga o no razón.

La Familia Real, lo mismo que la clase política no está exenta de ello y de ahí la importancia de extremar al máximo sus actuaciones para evitar interpretaciones que susciten debate entre la población. En este caso concreto, lo público suele fusionarse con lo privado.

Las manifestaciones del rey al abandonar el hospital pidiendo disculpas por lo acontecido, es algo que le honra y es un ejemplo que deben tomar otros dirigentes públicos de este país cuando cometen un error. Porque aquí, ni se piden disculpas ni se va nadie cando se dilapida el dinero que es de todos y que por lo tanto, enturbia su gestión transparente al frente de una institución.

 
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19 de junio
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