Por ROBERTO SEBASTIÁN CAVA
Ha comenzado una nueva semana para mí después de la graduación de la Escuela de Enfermería de la Universidad donde me desempeño como director de Protocolo. Es verdad que son muchas las ceremonias a lo largo de un año académico aunque cada una de ellas tiene sus particularidades.
Se cuenta un dicho que en un país de estas tierras americanas tiene un uso simpático. Se trata de “con pienso” o “sin pienso”. Al escucharla por primera vez la relacioné con el alimento que se da al ganado. Sin embargo me explicaron después su significado. Cuando se encarga un trabajo a un artesano es posible que nos digan si lo hacen “con pienso” o “sin pienso”. Para el primer caso hay un precio más elevado y, como se aprecia, todo está unido al pensamiento en la antigua acepción de “pienso”.
Hace algunos años redacté el “Manual de Protocolo” que se utiliza en mi Universidad. Allí, en un anexo, se contemplan las formas de las ceremonias. Las particularidades de cada unidad académica aparecen en el momento de aplicar las normas aprobadas. Sin embargo no son iguales, por ejemplo, las ceremonias de Biomédicas y de Derecho.
Para los médicos, el llamado juramento hipocrático es, sin duda el gran protagonista. Derecho tiene también un juramento. En ambas ceremonias la emoción lo invade todo porque son profesionales muy jóvenes los llamados a participar en una ceremonia única e irrepetible.
La Facultad de Ciencias Biomédicas está compuesta por dos escuelas. Ellas son Medicina y Enfermería. Precisamente esta última tuvo ocasión de enorgullecerse con sus egresados el pasado viernes 4. Personalmente puse de mi parte esfuerzo y pergeñé la ceremonia “con pienso”.
El ensayo previo dio ocasión para explicar la simbología de las togas y de los birretes, el por qué del color amarillo en las vestes y en las cintas de los diplomas. Había Enfermeros Profesionales y Licenciados en Enfermería acostumbrados ellos a escudriñar a primera vista a sus pacientes. Afortunadamente y haciendo uso de alguna picardía didáctica, convoqué de manera dictatorial a varios egresados como “voluntarios”. Se rompió el hielo y pedí entonces a unos cinco que subieran al estrado para ocupar los sitios de la mesa presidencial. Con mucha seriedad encarnaron al Rector, a la Decana y la Directora de la Escuela de Enfermería, al Vice Decano y al Secretario Académico de la Facultad. Hicimos la ceremonia completa con el ingreso, los juramentos, la entrega de diplomas, el “aplauso espontáneo” al coro que cantaría en honor de todos ellos, el lanzamiento al aire de los birretes y la salida.
Los Enfermeros Profesionales formulan una promesa muy bonita y profunda compuesta por Florence Nightingale, la gran enfermera británica nacida en Florencia, Italia en 1820 y fallecida en Londres en 1910. En nuestro ensayo “la decana” les leyó la fórmula. A cada una de las cinco preguntas respondieron “nos comprometemos” y sabían que el público se pondría después en pie para acompañarlos después en la ceremonia como testigos. Si el Protocolo trasmite solemnidad fue aquí cuando comenzaron las emociones. El relator de Ceremonial desde el podio convocó a cada egresado a cercarse a la decana y recibir los diplomas. Como todo debía ensayarse hicimos con calma la entrega de las titulaciones, su recepción con las dos manos, su colocación en la mano izquierda y el saludo con la derecha a cada uno de los integrantes de la mesa presidencial guardando las precedencias.
A la hora en punto indicada para el comienzo de la ceremonia, el coro arrancó con el antiguo himno universitario “Gaudeamus igitur”. Sus versos en latín, en la lengua que se usaba en las universidades en siglo XVI, hablan de la alegría de vivir, de la fugacidad de este paso nuestro por la Tierra y de la esperanza de recibir un Cielo que será para siempre. La respuesta de la Decana a la petición rectoral sobre el rendimiento académico de los graduados tuvo el aplauso espontáneo del público después de escuchar un “ruego a usted quiera tener a bien concederles las titulaciones correspondientes”.
Cuando todos los egresados tenían ya sus diplomas el relator les invitó a ponerse en pie para recibir así las felicitaciones de los asistentes mediante un aplauso. Después el coro cantó en honor de ellos y fue cálidamente aplaudido, en especial por sus destinatarios. Un profesor despidió a las promociones y una egresada, en nombre de todos, dio un agradecimiento y tomó ocasión para proclamar un lema: “Con una sonrisa siempre, con las mismas ganas, con las mismas inquietudes y ansias de superación y un amor cada vez mayor puesto al servicio de este hermoso y apasionante arte de cuidar”.
Los pasos finales de la ceremonia trajeron las palabras del Rector, el lanzamiento de los birretes y la salida del auditorio. Se retiró el primer lugar la mesa presidencial, después el claustro académico y le siguieron los nuevos graduados. En tanto el coro acompañado por instrumentos cantó el “Coral de los jóvenes” de George Handel.
Para este acto se cubrió la mesa presidencial con tapete de color verde y a ambos lados del estrado se colocaron dos grandes arreglos florales que permitían el paso sobre el escenario y, al mismo tiempo podían evitar algún que otro despiste. El Rector habló desde su sitial mientras que los demás oradores lo hicieron desde el podio. En cambio los juramentos fueron tomados desde la presidencia para tener un contacto visual más cercano con los egresados. En fin, una ceremonia más pero hecha “con pienso”.
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