El Reino Unido vivió ayer una de sus ceremonias más solemnes: el discurso de apertura de la nueva legislatura. Como marca la tradición, la reina Isabel II y su marido, el duque de Edimburgo, se trasladaron en carroza hasta el Parlamento para dar a conocer el nuevo programa de gobierno ante comunes y lores.
La ceremonia comenzó con la llegada de la soberana al Parlamento a través de la la puerta de la Torre Victoria. Desde allí fue escoltada por el Black Rod, el funcionario de más rango de la Cámara de los Lores hasta la Robing Room, estancia en que la Reina se ha colocado la capa de armiño y terciopelo granate y ha cambiado la corona real por una impresionante corona imperial.
Una vez revestida con el atuendo que marca la tradición, se ha enviado a un emisario a la Cámara de los Comunes para avisar a los comunes que deben comparecer ante la Reina. La respuesta se repite año tras año, la cámara “plebeya” le da, literalmente, con la puerta en las narices, un brusco recordatorio de la soberanía parlamentaria frente al monarca.
En esta ocasión, el discurso de Isabel II ha estado centrado en asuntos económicos y en la reforma de la Cámara de los Lores. El objetivo es reducir el número de miembros -actualmente hay 800- y hacer que el 80% sea elegido por sistema proporcional y no como hasta ahora, en que priman escaños designados por la reina bajo la recomendación del primer ministro o por herencia aristocrática.
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